La literatura no es igual con el estómago vacío que con el estómago lleno, las letras no se dibujan igual en estas manos suaves que en los dedos encallados. Roberto Arlt lo sabía, y sin embargo esta Buenos Aires es totalmente distinta a la que él vivió.

martes, marzo 24, 2015

Vos pensabas que yo era un monstruo porque apenas me conocías.

¿Qué culpa habrán tenido las autopistas, la televisión, las vedettes, la moral, las revistas paranoicas? Los beatniks seguían viajando y escribiendo, nacía el punk y Bowie aullaba en purpurina. ¿Qué culpa habrán tenido las radios cuando nada más se podía bailar Palito Ortega? La extraña cultura convertida en un pulcro bar llena de gente aterrada y feliz por no saber del sonido sin tiempo, del gusto a sangre en la boca. ¿Tienen la misma culpa que los que hoy vamos a la Houssey a tomar vino sin saber que el piso no siempre estuvo desnivelado? ¿Tienen la misma culpa que los pibes que no saben que su barrio antes era la Villa 15 y no estaba oculta? No son sólo los desaparecidos en democracia, no es nada más Milani, es el eufemismo chabacano de la democracia, el lujo casi monárquico de sus líderes, el fanatismo casi rockero de los militantes, los supermercados, la cumbia, el antifascismo que solamente toca una guitarra, un call center más que abre.
Nadie pisa la calle donde cagan todos los perros de la ciudad, ni cruza la única vereda que llueve todos los días. En este barrio solamente los que se sienten muy sucios se bañan, sin hacer un sólo ruido y con los ojos cerrados.

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