La literatura no es igual con el estómago vacío que con el estómago lleno, las letras no se dibujan igual en estas manos suaves que en los dedos encallados. Roberto Arlt lo sabía, y sin embargo esta Buenos Aires es totalmente distinta a la que él vivió.

viernes, abril 18, 2014

Middle Class Problems

No me importaban en lo más mínimo los esfuerzos idiotas en los que se enmendaba Matias para llamar mi atención, ni el frío congelándome los huesos a través de la red de mis medias. Sabía que eso era una pesadilla, que se repite. No siempre, pero se repite: el aliento a alcohol del pibe de turno, la niebla, las temperaturas bajas, la certeza de estar siempre equivocada. La certeza de no poder hacer otra cosa más que correr la cara para mirar a la ventana, ver las calles; escaparme del ruido de los parlantes y su Rock&Roll tribunero, morderme las uñas. Poder casi saborear el final de Junio a través de los vidrios congelados. En mis pesadillas nunca tengo miedos ni angustias, solo certezas.

Tuve que pedirle disculpas a Matías, explicarle que no lo miraba a los ojos porque estaba esperando que cayera el transa, que en realidad si estuviese más drogada ya hubiese aceptado salir a bailar. No me creyó. Soné patética. Soné cobarde. Pero así soy yo. Imagino que dos opciones le habrán pasado, como en cada pesadilla, por su cabeza: dejarme o aceptarme como soy.

Opte por dejarlo pensar un rato, ir al baño. Ya estaba cansada de perder el juego en más de tres pesadillas seguidas. Me miré al espejo y mi piel seguía igual de opaca, amarillenta; de encierro y monitores, de olor a humedad de libros decrépitos. De repetirme que esa era yo, de no saber quien era despierta y quien en pesadillas, de ver por la canilla salir agua podrida, de que por la ventana todo se derrumbaba y ¡pum! los suburbios se desarmaban, caían. En el espejo, en mi cara, ni una puta sonrisa. Puede que por la ortodoncia que, joder, me impusieron de niña; puede que por mi eterno estado de animo, o, simplemente, por falta de costumbre, por aburrimiento a las repeticiones. No, nada de sonrisas en un mundo que ama sonreír, nada de sonrisas, nada de engaño forzado en mis labios. Me lo había recriminado una niña en un sueño, me lo recriminaba él en todas mis pesadillas. Despierta era distinto. Pero, mierda, la puta sonrisa termino por depurarse y para él yo era demasiado seria. Creo que no hay con que darle, dicen que las chicas tristes sonríen más pero yo no le encuentro la gracia a la ironía generacional, al postmodernismo de la sin razón, de la visualidad chocante y vacía. Mis intentos por encontrarle sentido y no convertirme en la rutina, caían en bolsas rotas, en trabajos vacíos. Mi vida era un despropósito, pero las pesadillas la venganza.

Seguí ensayando mi sonrisa encerrada en ése baño sin ventanas. Puede que el frío cansase a Matias y eso lo convenciera de no esperarme más. Al día de hoy, no lamento la decisión que tomo.




2 comentarios:

Cristian Gonzalez dijo...

paula, te voy a querer para siempre!

Broken.Core dijo...

Me re gusta tu boca, Riot Girrrl!