La literatura no es igual con el estómago vacío que con el estómago lleno, las letras no se dibujan igual en estas manos suaves que en los dedos encallados. Roberto Arlt lo sabía, y sin embargo esta Buenos Aires es totalmente distinta a la que él vivió.

domingo, septiembre 29, 2013

Grietas

La primavera siempre fue sobrevalorada,
las flores nada más crecen para decorar las tumbas
de los muertos por suicidio,
de los muertos por stress,
de las sobredosis, 
de manos marcadas por desidia.

La primavera se arrastra siempre con el brillo
de las sonrisas efímeras,
de la adolescencia perdida,
de tantas calles pateadas,
de tantos pasos que se borran en las baldosas
pero que no borran la soledad,
ni la locura,
ni el aliento a alcohol,
ni el miedo de dar un abrazo,
de recibir una mirada.

Vamos a jugar con la muerte,
porque no le creemos nada:
tenemos prensado 
tenemos celulares,
y tenemos redes sociales. 
No necesitamos de la muerte. 
Somos la muerte.
Somos la eterna pesadilla. 
Somos ese don que nos aleja del mundo animal, 
de las cavernas tan temidas.
Ahogamos nuestro odio
en videojuegos,
en recitales,
en cocaína.

Pero hay un agujero negro,
que se expande y se expande adentro nuestro,
que se hace obvio,
que ya no se come el dolor.
Hay un agujero negro que pone en evidencia
que nunca existió tal cosa como la primavera,
solo odio y juventud,
decepción,
que es a lo que huele tu pieza,
tus huesos blancos
y esa eterna mirada de perro solitario.

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