La literatura no es igual con el estómago vacío que con el estómago lleno, las letras no se dibujan igual en estas manos suaves que en los dedos encallados. Roberto Arlt lo sabía, y sin embargo esta Buenos Aires es totalmente distinta a la que él vivió.

martes, julio 23, 2013

No era una trampa.



¿Ves esto de acá?
No son mis costillas.
Tengo cada palabra,
cada beso,
cada viento atajado por los abrazos
cada viento calado en los huesos
atascado
en un estomago inútil
que ya no puede digerir nada.

Espero que esta vez no sonrías,
espero que no me digas que sabes lo que siento
cuando pasa la noche y nunca llega la mañana,
y tiemblo
y saco bilis de mis ojos
y no deje de temblar
mordiendo las frazadas
de una cama que nunca va a ser mía,
de una casa que nunca va a ser mía,
con murmullos de la calle,
saliendo al frío descalza.

Espero que no me digas que sabes lo que siento
cuando el frío se convierte en el paraíso
y lo sepas porque saliste de las puertas del infierno sonriendo.
El pasto es infinito, de la noche caen todos los ángeles
y el más viejo
me acaricia el pelo y tranquiliza mi sonrisa desquiciada,
mi bilis hecha de inercia.

Ya no me tiemblan las rodillas,
entonces me confiesa al oído:
el nihilismo es la excusa
para los que tienen el corazón duro,
los adultos solo somos niños encantados
que tiemblan antes de levantarse,
somos niños hipnotizados.

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