La literatura no es igual con el estómago vacío que con el estómago lleno, las letras no se dibujan igual en estas manos suaves que en los dedos encallados. Roberto Arlt lo sabía, y sin embargo esta Buenos Aires es totalmente distinta a la que él vivió.

viernes, junio 28, 2013

Lo que me conto el barro estéril





Dejen echar al aire su imaginación
¿conocen la tempestad antes de la tormenta?

Bajo este cielo de cobre
el suelo sigue frío,
duelen los huesos
y laten los adoquines.
Hasta las hamacas se enfurecen.
Las ruinas urbanas son nuestro palacio que enrejaron,
donde deshacemos las horas,
donde a veces el alma queda empeñada por
pastillas, hierba o polvo.


Pero no se equivoquen, policías:
lo que sangra en mi entrepierna es mi corazón,
y conozco a la rabia: no hay manera de anestesiarla.


Desde los ojos de nuestros padres solo fuimos sombras,
desde los ojos de los maestros, sombras.
Ahora el mundo ya no es luces ni cruces.
Desde los ojos del patrón,
inercia muerta.

Idiotas, no conocen la tempestad antes de la tormenta.

Tejiendo palabras inundamos de fuego la oscuridad de
este cemento impuesto,
este tetra vacío,
estas seis cuerdas baratas,
del meo de pibes y linyeras,
del flujo brillante de la sonrisa de las niñas,
y la ingenuidad muerta de las que ya somos viejas.

En cuando nos llamaron violentos,
en las tukas atrás de sus monumentos:
¡No manda nadie!, ni siquiera el amor
(pero mucho menos sus cuentos)

Acá los demonios solo me canjean las palabras
para tejer piedras y que el cobre caiga,
total ya nada nos aplasta,
vayan a echar un ojo:
allá arriba, nunca hubo nada.

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