La literatura no es igual con el estómago vacío que con el estómago lleno, las letras no se dibujan igual en estas manos suaves que en los dedos encallados. Roberto Arlt lo sabía, y sin embargo esta Buenos Aires es totalmente distinta a la que él vivió.

lunes, abril 16, 2012

Genealogía.

Mi mamá se despertó y se tapo con las frazadas que le presto mi abuela para pasar el invierno. No había estufas y en la pieza de la terraza, en pleno Barracas, hacía frío. Yo me desperte enroscada con la misma frazada veinte años después. Las dos oímos que llovía y que el viento nos tomaba por sorpresa la piel. Nos levantamos y preparamos un té, pensando que nunca compartimos uno. Se sentó en la mesa y trató de armar el crucigrama de su vida, más de treinta años, madre casi soltera, hija casi harta. Nunca lo suficiente. Discusiones de pareja, la felicidad apostando por un futuro que no iba a llegar, pero nunca lo pudo saber. El cigarrillo, negro. Los amigos de la iglesia, los hermanos perdidos. Nada de política, nada de música. Lejos. El sexo cansado. El humo, sus piernas. Siempre tan perdida, ¿cómo lo iba a saber?

Y me senté y tome de a sorbos el té, veinte años después, con una casa más comoda que no me pertenece, la maternidad como dulce condena. El vino, las uñas mal pintadas, los ojos cansados. No sé dónde estoy. Las imágenes se esfumaron y que ese día tenía prueba, y que aquella noche había habido guerra, y que la resaca nos rompía.


La mañana en la que murió mi madre se sucedió en mil mañanas. Ya no tengo piernas y el viento huele a sangre.

6 comentarios:

Pauli dijo...

Me emocionas. SOS HERMOSA.

Anónimo dijo...

Muy Bueno el blog Paula...
elpolako M. Juvenil

maga molina dijo...

Que lindo, pero triste

maga molina dijo...

Que lindo, pero triste

Agost dijo...

llego re tarde, pero qué bien escrito...es más difícil transmitir tristeza que alegría

Ada Micaela dijo...

aveces entro a tu blog para releer tus textos
son muy lindos
saludos chica riot