La literatura no es igual con el estómago vacío que con el estómago lleno, las letras no se dibujan igual en estas manos suaves que en los dedos encallados. Roberto Arlt lo sabía, y sin embargo esta Buenos Aires es totalmente distinta a la que él vivió.

martes, enero 17, 2012

Lo cierto es que.

Era imposible imaginar que existieras
en este cielo de plástico y pastillas,
que de tu mirada se desprendiera
el contenido de mis sueños,
ya no tanetílicos, llenos de lo incierto.

Era imposible de creerlo,
que cuando la destrucción me encontrase
desnuda, aburrida, con hambre de vida,
y todas las botellas quedarán vacías
en medio de la jornada del terrible realismo,
tu voz iba a llegar, nueva, destruyendo la celda.

Y mientras los bares cerraban,
tu voz okupo un mundo en mí que creía clausurado

Era imposible de imaginar que tus ojos iban a abrazar mi bronca,
que iba a aprender a querer con otra sangre
y que un nosotros iba a nacer
germinado entre las calles, entre las plazas,
entre los grupos revolucionarios que nos aburren,
entre cada paso desde la mesa hasta la cama,
desde el vino hasta tu casa.

Yo que era pura rabia no podía imaginar
que el futuro
se pudiera moldear desde la felicidad,
que se entrelaza en cada beso,
en cada sueño,
en cada idea.

Y se puede guardar, deshacer y hacer desde un libro,
un fanzine,
un cartón de vino,
una estrella,
un beso.

Yo que era pura rabia no podía imaginarte,
pero vos llegaste,
inquieto, despierto,
con la piel viva
ensañándome que la rabia solo es una parte
pero que las revoluciones también se ganan
entre las sabanas,
mientras el mundo existe lejos
en lo infinito del amor.

Era imposible de imaginar,
pero ahora la realidad también es un sueño.
Y si lógicamente discutimos,
el tiempo solo es un proyectil que apenas hieren
las veredas, las calles, nuestra piel,
cada beso, cada promesa.

Y las mentiras que quieren vendernos,
y las que entupidamente me creo,
y las salidas fáciles que compramos,
y los borcegos desgastados,
y las muertes que nos regalan
quedan indefensas cuando salimos a la calle,
cuando nos unimos en la cama,
con un aire nuevo
con la boca llena de balas
construyendo un futuro que ahora
no es tan difícil imaginar.