La literatura no es igual con el estómago vacío que con el estómago lleno, las letras no se dibujan igual en estas manos suaves que en los dedos encallados. Roberto Arlt lo sabía, y sin embargo esta Buenos Aires es totalmente distinta a la que él vivió.

miércoles, noviembre 07, 2012

Solenopsis Invicta




Veras, estos son los días en los que no me debería escuchar,
los que odio releerme y saberme muerta.
Ojala muerta.
Ojala suicida, cobarde, idiota.
Ojala poeta, ojala algo.

Alguien no,
desde niña me aferro a ser alguien.
Escondida en el cementerio,
viendo las cruces,
las fotos de niños muertos,
mi mamá,
el olor a flores y el dolor de pies.
Las hormigas suben y ya son mis tobillos,
ronchas rojas que pican y ya no
porque no las siento,
no puedo sentir,
que suban hasta mi sexo
antes de que venga mi abuela y tenga que persinarme,
que suban antes de que me despida,
que me agarre una fiebre.
No, ya no siento.
Golpeo mi cabeza en el baño y tengo la nariz rota,
estoy borracha,
ya no siento,
ella baila pogo,
a mi me matan en el pogo.
Pero no siento y salgo sonriendo,
salgo sangrando,
y abrazo a otro borracho,
le acarició la cabeza hasta que llega la madrugada.
Lomás es frio por la madrugada
y parece que siempre esta nublado,
o es el McDonalds que tapa el sol
y las chicas lindas que no me dejan ver.
No veo nada.
Acaricio al borracho, ojala el si sienta.
Yo,
ojala princesa, ojala poetisa.

"No siento" me repito caminando por las vías,
o cruzando el puente.
"No siento" me repito, me juzgo,
no sientas que te podes matar
y el semaforo esta en verde para ellos,
las sirenas del tren ya vienen.
No sientas,
que los libros no deberían hacerte llorar,
que no podes vivir tan ajena.

Ser alguien te puede matar.
Ojala muerta pero desde ya.
Es de esos días que odio mis palabras,
odio las chicas con corazones de amelies,
odio los chicos lindos en sus skates,
odio a mi familia,
odio a los de traje y a los militantes,
odio creer la humanidad.
La humanidad no.
La humanidad NO.
La humanidad nunca.
La que sueño,
no existe.
La humanidad casi no siente,
ah si yo fuera humana,
quizá ya sería poetisa,
o al menos muerta.

Por favor, no me creas la desilusión.
Estos son los días en los que no me quiero creer.

Pero
son nueve horas de trabajo y cuatro de viaje,
es la institución enferma de la familia
y no creo más en la pureza humana,
ni en un sistema que corrompe.
                                                         Por fin debo estar muerta y ser humana,
                                                                            ¡porque ya no creo en la belleza!
Crecí y mi corazón se endureció como predijeron.
Y te ruego que no me creas porque te lo escribo llorando,
porque otra vez cruzo las vias y me digo
"No siento nada"

Las hormigas que salían de la tumba de mi vieja
y me mordían los tobillos
son estas de ahora,
la que me suben por los borcegos en Microcentro,
las que rodean mi casa y los juguetes de mi hija,
las que miro y esta vez no quiero que me coman,
pero ya lo hicieron.
Las hormigas son esta MALDITA humanidad.
Las hormigas son el no amor,
es mi ideología mutilada,
tanto imperio virtual destruido y siempre sola
(¿usted sabe de las hormigas argentinas en Estados Unidos?,
ah pero ellas son un equipo.
En equipo siempre se gana
pero yo me cago en la pluralidad ya,
antes no, pero el tiempo me pateo)
Las hormigas que colonizan, que matan.
Tanto repetir "¡Libertad!" y siempre sola.

No me creas que en estos días soy la hormiga de dos cabezas.

Igual esto si creemelo,
vengo de un calor insoportable,
una jefa gritando
y un tren lleno

Ya llevo suficientemente tiempo loca como para ser yo también una hormiga, y picar, y picar




                                                       Y picar(me)

lunes, octubre 29, 2012

Anticapitalista



Si la vida fuera más que esto, el esmalte de colores, los ojos siempre negros. Si no tuviéramos que renovar la tarjeta del crédito del amor y pudiéramos asumir las propias culpas como la paja en el ojo ajeno. Si Dios no fuera el cuento del tío, el guardián omnipotente de las cárceles y los ejércitos. Si nosotrxs no necesitara tanto de mi y tanto de vos, si el tiempo frente a la computadora y los jefes no existiera.  Si nos pusiéramos los vestidos de fiesta y prendiéramos fuego las calles donde deambulamos, pintáramos de negro el bandoneon de Juarez y nos miráramos del otro lado del espejo. Si el dueño de la pelota fuéramos todos. 

viernes, agosto 17, 2012

Dos semanas de lluvia.



Los niños dejamos de ser niños cuando supimos que lo eramos,
y entonces llego el frío y de lo que hablan los adolescentes,
y todos queríamos sonreír pero camino a casa la llovizna inundó la calle,
y así nuestros zapatos
y así nuestro pelo.
Al fin, nuestra alma, ese suave cerebro.

Y miramos hacía arriba pero allí nunca hubo nada 
y el agua ya nos tapaba las rodillas
y todo amenazaba con llenar nuestros sexos.

Yo me quería marchar, sin decir nada,
sin siquiera gritar.
Cerré los ojos y tuve que aprender a nadar. 

Todos sabemos que los suburbios esconden cables tirados,
animales abandonados
y adolescentes nadando.
Se patean las calles, el asfalto es una pecera que termina aburriendo,
y el encierro, las pastillas, la música
levantan las paredes de la propia construcción, de esta inundación.

Los niños ya no son niños y yo ya no soy yo, 
en mi cabeza siempre le pongo play al vhs de una tarde de abril,
del otro lado de la estación, nadando hacía alguien que escapo.
En mi cabeza hay boletos capicuas de colectivos con frases idiotas atrás,
y botellas vacías y cartones baratos, 
reliquias ahora en la era de la inflación y los flashes digitales.

En mi cabeza hay promesas de una noche de verano,
hay humo y ganas de quemar todo.
Mi cabeza siempre amará el ruido.

En mi cabeza hay muñecas rotas que mi papá guardo con mi primera menstruación
y hay una chica llorando y vomitando en la estación.

Nada, idiota 
que todo se inunda, todo se lo lleva este suburbio.

Nosotros ya no somos nosotros y yo ya no soy yo,
y la gente sigue nadando pero el agua cada vez sube más,
y no sé abrir los ojos abajo del agua. 
Y no sé como hacer para que mis libros no se mojen y mis palabras no se desvanezcan.
No sé. 
La gente sigue nadando y no notan cuando se hunden.
Y el mundo ya no gira, solo flota
y se arrastra.

Yo me quedo mirando al descansar,
y cuando terminé de leer 
voy a darme cuenta todos los sueños que perdí,
de tanto mantenerme despierta,
de tanto mantenerme al flote.

domingo, agosto 12, 2012

Se acabo hablar del futuro.

Bajé del bondi y me senté en la puerta del galpón de Rodriguez y Guidi. La avenida seguía oscura, la boca de lobo apenas brillaba en el suburbio. Martín me dijo que se iba a comprar otro vodka, que es lo único que lo mantenía en pie desde que mi libido no me alcanzaba ni para fingir. Me reí por obligación, le pagué la botella, la termino y se fue. Prostituyo mi tiempo por alcohol y mi alcohol por tiempo, es la verdadera mierda. Tengo la tanga manchada y las piernas con olor a sangre, demasiado frío en esta mugre.


*

Dejarla hedía a borracheras a mis espaldas y gotas de semen malogrado, pero era lo mejor que me pasaba en el día. Tenía que apurarme si quería alcanzar el tren, los bondis ya no pasaban y caminar hasta mi casa no iba a mejorar mi situación. Los ladrillos se caían a cada paso, se estrellaban contra las veredas rotas y las raíces que cambiaban de lugar a las baldosas. Yo veía y me decía que el encanto de los barrios se partía y me reía adentro mío por esa situación de tanguero post moderno, aburrido de las mujeres, porque mis novias y mi idea de amor nunca fueron la misma persona.

La estación de Lanús siempre parece sucia, eventualmente los troncos de los árboles eran pintados de celeste y blanco pero en esa semana lucían guirnaldas baratas y brillantes por las fiestas. No me quise adentrar y me metí desde el bajo nivel al anden, a esta hora se llena de gente que va a otros de los partidos del Sur, pero yo siempre me siento en el mismo lugar, en la escalera enfrente de una panchería, que ahora se encontraba ocupado por una rubia de pelo corto y minifalda de jean, bastante común para esos lares a esa hora, a pesar del frío. Pero esta vez era diferente, me sentí violento, como dominado por algo casi auténtico que no había previsto. Compré dos latas de cerveza en el puestito de comida rápida, y como si el andén pudiera convertirse en un bar, me dirigí hacía mi fiel escalón. Me senté al lado de ella y me sonrió, subimos al mismo tren y bajamos en la misma estación.

- Adivina en qué estoy pensando.
- Cerveza, culos, algún recital, el partido que mañana vas a jugar con tus amigos, el ensayo del miércoles, penetraciones no pactadas en un callejón a la salida de ese mismo recital, "Diario de Invierno" de Paul Auster, tu ex, y en mis ojos azules.

El sexo fue impersonal, muerto, despiadado, pero no vacío, sino necesario. Su boca sabia a mugre y supe que había aprendido a domesticar sus emociones, me alejé sin darle demasiada explicación y nadie volvería a llamar. Supuse que no era la última vez que la iba a encontrar y ninguno de los dos estaría en el cielo cuando eso ocurriera. Afuera los ladrillos seguirían entorpeciendo el camino de la ciudad.

lunes, abril 16, 2012

Genealogía.

Mi mamá se despertó y se tapo con las frazadas que le presto mi abuela para pasar el invierno. No había estufas y en la pieza de la terraza, en pleno Barracas, hacía frío. Yo me desperte enroscada con la misma frazada veinte años después. Las dos oímos que llovía y que el viento nos tomaba por sorpresa la piel. Nos levantamos y preparamos un té, pensando que nunca compartimos uno. Se sentó en la mesa y trató de armar el crucigrama de su vida, más de treinta años, madre casi soltera, hija casi harta. Nunca lo suficiente. Discusiones de pareja, la felicidad apostando por un futuro que no iba a llegar, pero nunca lo pudo saber. El cigarrillo, negro. Los amigos de la iglesia, los hermanos perdidos. Nada de política, nada de música. Lejos. El sexo cansado. El humo, sus piernas. Siempre tan perdida, ¿cómo lo iba a saber?

Y me senté y tome de a sorbos el té, veinte años después, con una casa más comoda que no me pertenece, la maternidad como dulce condena. El vino, las uñas mal pintadas, los ojos cansados. No sé dónde estoy. Las imágenes se esfumaron y que ese día tenía prueba, y que aquella noche había habido guerra, y que la resaca nos rompía.


La mañana en la que murió mi madre se sucedió en mil mañanas. Ya no tengo piernas y el viento huele a sangre.

martes, febrero 28, 2012

Refugios


Y los adolescentes juegan a las escondidas fuera de sus casas
contemplan el cielo negro que de a poco se convierte en gris,
sentados sobre los asfaltos, esas sucias cornisas.

Y se preguntan cuánto serán capaz de aguantar
antes de que el amanecer se los coma,
cuánto más podrán volar
antes del que bullicio los atrape.


martes, enero 17, 2012

Lo cierto es que.

Era imposible imaginar que existieras
en este cielo de plástico y pastillas,
que de tu mirada se desprendiera
el contenido de mis sueños,
ya no tanetílicos, llenos de lo incierto.

Era imposible de creerlo,
que cuando la destrucción me encontrase
desnuda, aburrida, con hambre de vida,
y todas las botellas quedarán vacías
en medio de la jornada del terrible realismo,
tu voz iba a llegar, nueva, destruyendo la celda.

Y mientras los bares cerraban,
tu voz okupo un mundo en mí que creía clausurado

Era imposible de imaginar que tus ojos iban a abrazar mi bronca,
que iba a aprender a querer con otra sangre
y que un nosotros iba a nacer
germinado entre las calles, entre las plazas,
entre los grupos revolucionarios que nos aburren,
entre cada paso desde la mesa hasta la cama,
desde el vino hasta tu casa.

Yo que era pura rabia no podía imaginar
que el futuro
se pudiera moldear desde la felicidad,
que se entrelaza en cada beso,
en cada sueño,
en cada idea.

Y se puede guardar, deshacer y hacer desde un libro,
un fanzine,
un cartón de vino,
una estrella,
un beso.

Yo que era pura rabia no podía imaginarte,
pero vos llegaste,
inquieto, despierto,
con la piel viva
ensañándome que la rabia solo es una parte
pero que las revoluciones también se ganan
entre las sabanas,
mientras el mundo existe lejos
en lo infinito del amor.

Era imposible de imaginar,
pero ahora la realidad también es un sueño.
Y si lógicamente discutimos,
el tiempo solo es un proyectil que apenas hieren
las veredas, las calles, nuestra piel,
cada beso, cada promesa.

Y las mentiras que quieren vendernos,
y las que entupidamente me creo,
y las salidas fáciles que compramos,
y los borcegos desgastados,
y las muertes que nos regalan
quedan indefensas cuando salimos a la calle,
cuando nos unimos en la cama,
con un aire nuevo
con la boca llena de balas
construyendo un futuro que ahora
no es tan difícil imaginar.