La literatura no es igual con el estómago vacío que con el estómago lleno, las letras no se dibujan igual en estas manos suaves que en los dedos encallados. Roberto Arlt lo sabía, y sin embargo esta Buenos Aires es totalmente distinta a la que él vivió.

jueves, abril 10, 2008

Destino In Utero

Waterloo Sunset, ilusión pequeña que te quedaste en mi vientre, sin permiso, como una okupa de la propia vida. Pelusita de sangre, sangre mía, de amor, de rabia. Te escribo esto consciente que recién lo vas a leer en muchos años, que tal vez en ese momento estas palabras no signifiquen nada, aunque espero soberbiamente, que si. Estoy muy triste, tristemente alegre porque la vida se mueve por estas contradicciones. No quiero lastimarte más, no tengo adónde ir, ni adónde llevarte.

Acá afuera todos corren. Digo afuera porque yo estoy encerrada, miro al techo, te pongo música, viajo con la luz apagada y las estrellas encendidas. Bailo y te tocó a través de la panza, es un susurro lleno de temor. Todo esta muy revuelto, adentro y afuera. Eso es algo que traspasa las paredes, te rompe las ventanas, porque ahora ya no puedo ser ajena, no puedo pintar paredes, entregar volantes e ir a dormir tranquila. Ahora estas vos, que me demuele la casa, me tira de los pies, me obliga a poner el puño en alto y con la otra mano taparme la cara, de vergüenza, de lágrimas. La política nos absorbe a todos, cosita dulce, hasta a vos que estas tan ajena. Con los pibes nos cuesta, nos duele, y hablamos mientras tomamos un té, discutimos, van y vienen, me quedo con sombras, y con ellas hablo, hablo, hablo, hasta que quedamos –vos y yo- tendidas en la cama con un gusto agridulce en la garganta.

Alguna vez te llevo a festivales por la tarde, para que escuches la música y te alimentes con las palabras. Hace mucho que no salgo a la noche, la última vez fui a Adrogue a ver a unos amigos. Había música, baile, era una fiesta. Vos con tu cabecita suave no te podes dar una idea de cuántos cigarrillos se fumaron, cuánta cerveza se absorbió. A veces esta casa (que no es mía, que esta lejos de todo lo mío) se vuelve cárcel, paredes húmedas, sentimientos ajenos, entonces me tengo que ir. Vos sabrás entender, bomboncita, que no lo hago de maldad, que necesito salir, ver el pasto público, los autos, las chicas lindas y llenas de libertad, los libros de Parque Centario, la ropa que no puedo comprar. Y a veces salgo sin irme, pongo la Velvet Underground, pongo los Ramones, The Undertones, te hago escuchar hasta La Polla, sería hermoso que sepas entender por qué esta música es tan importante para mi, que mi herencia esta en ella y los libros. Y leo a Galeano, y te leo, y te cuento, sobre Guatemala, sobre Uruguay, sobre hace décadas atrás, sobre el hambre y también el amor. Y me siento tan pequeña, pequeña como vos. Me hago chiquita, chiquita, chiquita, una pelotita, una bolita, imploto, me desarmo, quedo absorbida, agarrada a tus ojitos.

Dulzura, petalito de savia, no diste ni tu primer suspiro, no lloraste ni una vez. Esta atado en mi tu hilito de vida, en una mañana en que la situación de la muerte nos sobrepasó y entre besos, caricias, y piel formamos tu carita, tus ahora inútiles encías.

¿Vos podrás soportar esto? ¿Serás parte del paisaje o te vas a querer ir corriendo, arrancar las paredes a gritos, patadas, llantos, pañales sucios? ¿Aprenderás, como todos los sometidos, a vivir de la mentira? Hay que saber hacerlo. Y duele tanto decirlo. Hay que leer libros sin venas, hay que quedarse a trabajar, hay que estudiar, hay que tener un título, formar una familia, trabajar 8 horas. Hay que romper ilusiones, hay que tomar pastillas de muchos colores para los nervios. O te podes drogar, escaparte así, tomar mucho vino, llorar, luchar, crecer. No me alcanza la boca, ni las manos, ni el cuerpo, me rompo toda para saber como explicártelo. Uno no puede contra todo, los dueños de revoluciones concretas, de libros del Che, te dirán que esto es hipocresía, que no es conciencia de clase. Y probablemente tengan razón, pero eso no quita que no sean aburridos. La gente ama las cosas aburridas: los coches, los autos, la ropa de marca. Viven muertos por papelitos de colores y números. Hijita mía, te dicen que hay que demostrar siempre que uno es más que los demás y para eso sirve todo lo que te contaba, las mierditas cotidianas. Es la apariencia, la que no tiene contenido y sirve solo para hacernos sufrir: para ser gente piola no hay que demostrar amor por nadie. Y es tan difícil, a veces uno piensa que hasta inútil, que me da culpa traerte acá porque llega un punto en que te cansas y te subís arriba de la ola del mundo, gritando “¡Basta!” pero las carcajadas se sueltan y otra vez vas corriendo a buscar un lugar en el tren, para escaparte hacía la masticada rutina (y es que el confort también es angustiante). Entonces me quedo afuera, y cuándo me quiero dar cuenta el tren ya se fue, mi bebe… y yo acá sola, en el anden, mirándome la panza.

2 comentarios:

Abstrakta dijo...

poly, me encanta. no tengo palabras, la carta a rocamadour de rayuela un poroto. posta. no se, ay.

Autodestrucción dijo...

Hola me caes bien. Y todo lo que escribis me cae mejor.
Un gusto