La literatura no es igual con el estómago vacío que con el estómago lleno, las letras no se dibujan igual en estas manos suaves que en los dedos encallados. Roberto Arlt lo sabía, y sin embargo esta Buenos Aires es totalmente distinta a la que él vivió.

viernes, diciembre 24, 2010

Desiciones.

El sabía como saben los hombres que era inútil. “Lo voy a matar” dijo, pero no, no, ¡NO! Era inútil. Entonces se abrocho el saco, cerro el gas, puso llave a la puerta y salió. Camino por la plaza y piso las hojas secas, el cielo cada vez estaba más en el suelo y sentado bajo uno de los bancos prendió un cigarrillo. Inhalo el humo y vio a la gente viniendo y yendo, abrazarse, hablarse, saludarse. Y quiso estar con ella, quiso abrazarla y contarle lo que le estaba pasando, pero era inútil aunque pudiera y sin embargo no podía. Si hubiera sonado su nombre la batalla hubiera sido más difícil, hubieran vuelto las horas muertas no dormidas, pero dejo caer la mañana y en el vértice en el que sol apenas alumbra gritó: “¡Lo voy a matar!” y los policías se acercaron y le preguntaron: “¿Le pasa algo señor?” y el repitió lo que sabía y dijo “Pero no puedo, es inútil”, y los azules se fueron pensando que estaba loco. Y llegó la tarde y con ella la noche, se quedaron las palomas hinchadas de hambre y las parejas adolescentes. Seguía sentado, seguía fumando, seguía respirándola. Mientras pensaba no paraba de reír y entonces supo que lo iba a matar. Cuando la bala atravesó la cabeza, las palomas hinchadas de sangre festejaron alrededor del hombre que nada es inútil.