La literatura no es igual con el estómago vacío que con el estómago lleno, las letras no se dibujan igual en estas manos suaves que en los dedos encallados. Roberto Arlt lo sabía, y sin embargo esta Buenos Aires es totalmente distinta a la que él vivió.

miércoles, febrero 24, 2010

skins

Hubo confesiones amanecidas,
Olor a multitudes de aislados,
Hubo sexo sin sexo
Y una mesa parida de humo y alcohol.

Pero no queda nada más
Que heridas expuestas
Como palomas disecadas
Y a veces cosas tiernas,
Como besos llenos de saliva y desesperación.

Se achicaron las ventanas
Todo corre ahí afuera,
Hay algo de descomposición y locura,
Algo que en mi mente suena a falso

Pero nuestros días no se fueron,
solamente es que el cielo
se esta desparramando en esta habitación,
en este tacho de basura
donde construimos nuestras vidas
con flores y sonrisas,
y la sangre que alguna vez contuvieron las vendas,
de una mascara adolescente.

miércoles, febrero 03, 2010

sombras.

Es tarde y tratar de dormir es inútil. Esta noche pinta no tener bostezos, pinta llenarse la planta de los pies de mugre de tanto estar descalza buscando una distracción en esta pieza, que no me pertenece. Pinta ser rara, nomás, con un silencio que resulta imposible y que me aisla más del afuera, de ese aire pesado con apenas las luces municipales alumbrando el paso de los automovilistas descarriados de un martes nocturno.

Me encierro más en mi cabeza, en mis insomnios perfectos y en la felicidad chupando un limón seco mientras pienso un poco en todo y un poco en vos.

En vos que estas a varios kilómetros de mi fuga y no podes dormir pidiéndole deseos al techo, acariciando la pared con los pies. Vas escupiendo de apoco el alma y al final vas armando la noche como yo, recorriendo mentalmente un cuerpo casi inmóvil como si una nueva pubertad ocupara tu cabeza (…los stickers de los chicles, el día amaneciendo) y apenas reconocieras la habitación donde solías pensar que el tiempo iba a ayudarte a cambiar.

Pero nada cambia.

El mundo sigue cayéndose a pedazos, pieza por pieza sobre nuestros sesos, mientras pocos podemos ver el espectáculo con el ventrículo izquierdo adoleciendo y la cabeza abrazando la mierda, jugando a ser felices con nada.

Entonces, vuelvo a pensar en todo, vuelvo a pensar un poco en vos. Trato de improvisar un bostezo y me acuesto con los pies negros de tanto usarlos de escoba en el piso de la habitación que sigo sin reconocer.

Es como te dije, una de esas noches raras, mi amor. Esa clase de noche en la que llorar suena trillado y las palabras se te escapan de la boca para posarse en tu cabeza, ojos y sordos oídos que no buscan descansar, porque dormir parece morir.