La literatura no es igual con el estómago vacío que con el estómago lleno, las letras no se dibujan igual en estas manos suaves que en los dedos encallados. Roberto Arlt lo sabía, y sin embargo esta Buenos Aires es totalmente distinta a la que él vivió.

martes, agosto 04, 2009

15

Estuve todo el día tratando de escribir algo. De escribirte algo. Es difícil, terriblemente difícil sincerarse más allá del dolor, más aun cuando no recuerdo tu voz pero si tus gritos, y mi mente dibuja tus piernas y tu olor a cigarrillo negro. Lo más difícil es confesarte que tu ausencia influenció más en mí que tu vida, que mi duelo fue siempre el silencio y que nunca tuve nada que decirle a tus flores, ni a tu foto en la hilera de inútiles cruces, ni al cemento que cubrió la tierra en la que se convirtieron tu piel y su envoltura de madera. Entonces sueno como una despiadada asquerosa, pero es que mi simple tristeza no me alcanza para renombrarte en cada noche ni para preguntarte por qué no estuviste ni estas cada vez que necesite, mucho menos para contar las lagrimas, aunque yo nunca haya aprendido a llorar.


Mi mundo con vos fue tan hermoso que hoy para mi más que un recuerdo, es una reliquia, un tesoro escondido. Después de que el viento pulverizara todo, las enredaderas crecieron y se convirtieron en mis latidos, que me empujaron para buscarte en nidos vacíos y detrás de árboles caídos, de nombrarte en cuentos a los que nunca les escribo el final, de darle vida a tus labios porque sé que no hay nada más que yo pueda hacer para tenerte cerca. No, mamá, te juro que yo soy diferente a vos: a mi rezar se me hace inútil, mis calles son como un río, como tu pelo nocturno en algún cielo, como la voz que le pongo al viento cuando en mis ojos vacíos todos saben que generas una tormenta.